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26.05.2012Branding

El diseño no siempre debe ser pretencioso

 

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Seguramente el tiempo tenga la capacidad de separar la paja del trigo. Creyendo en este principio, es cuanto menos curioso que a mi regreso de MAD2012 y una vez pasadas algunas semanas; la ponencia que recuerdo con mayor precisión y admiración sea la realizada por Bendita Gloria. Y eso que allí estuvieron peces gordos del diseño y la publicidad, que gestionan algunas de las cuentas más atractivas internacionalmente hablando. Pero entonces vuelvo al título de este post, y es que no siempre lo mejor, es lo más pretencioso para el paladar.

Santi Fuster del estudio Bendita Gloria en su ponencia nos presentó su proyecto Casa Mariol. El cual, a simple vista parece incompresible y ofensivo para la profesión. Una profesión cargada de dogmas y unos profesionales que la integramos, que en mi humilde opinión, ansiamos proyectos cargados en innovación, creatividad, pulcritud… deseando que sean nuestra carta de presentación, y la envidia del sector. En definitiva, hacemos del diseño en muchas ocasiones un disfraz pretencioso de la realidad. Corriendo el riesgo de caer en la insinceridad.

Entonces es en este punto es donde llega la coherencia fascinante de Santi Fuster, cuando cae en sus manos un proyecto de creación y desarrollo de la identidad de una marca de vinos. Sí vinos, ese mundo cargado de etiquetas elegantes, denominaciones, villas, señoríos y un sin fin de catas que cuidan al más no poder la retórica. Haciendo de esta bebida el mayor de los placeres; como acompañamiento de selectos aperitivos, de excelentes carnes y fuentes de marisco. Pero, ¿cuánto hay de realidad en esto?. Y desde el punto de vista de la comunicación denotativa y connotativa ¿por qué, me transmite lo mismo una etiqueta de un vino de noventa euros que uno de cinco?. Me pregunto. Nos guste o no, estas son las posibles opciones:

  1. El vino de ochenta euros me está estafando en su interior.
  2. El vino de cinco euros lo está haciendo en su exterior.
  3. El vino de 5€ sólo intenta ser coherente con las personas que lo compran, aquellas que están “caninas” pero son pretenciosas.

Los vinos de Casa Mariol cuestan tres euros y medio, se consumen en lugares donde hay menús del día económicos, allí donde sus propietarios imprimen sus ofertas en folios de colores y las letras se realizan con los efectos de WordArt. Exactamente donde entiendes que el aspecto “cutre” del lugar significa una excelente relación calidad/precio. Y donde las tres partes mínimas involucradas realizan un acto de sinceridad entre sí y consigo mismas: el vendedor, el producto y el cliente.

Os invito a descubrir el fantástico trabajo de estrategia para la cual trabaja, sin preguntas, el diseño de Bendita Gloria para Casa Mariol. Merece la pena llegar a comprender este proyecto.

www.casamariol.com