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13.08.2015También es diseño

Diseño: triángulo de inteligencia emocional

Ahora pienso que el día que comencé a estudiar diseño era un absoluto ignorante, acerca de, en que consistía exactamente esta profesión. Yo tenía hospedada en mi cerebro una idea bastante básica y algo estereotipada del gremio al que quería pertenecer. En ocasiones, aquella idea, vuelve a mí cuando alguien me pregunta: ¿a qué te dedicas?, y al responder observo su reacción, la cual se acerca bastante a aquello que yo creía desde mi más profundo desconocimiento, a la vez que es casi antagónica a la realidad y al propio día a día que vivo, al menos en el estudio, y no por ello menos “¡qué guay!”. Yo diría que incluso mucho más.

No tardé en descubrir que las empresas que confiaban en nuestro trabajo, estaban compuestas por personas. Sí, personas que desean que sus productos o servicios sean visibles y demandados por muchas más personas. Por lo tanto si hablamos de personas hablamos de emociones: empresas compuestas por personas y personas compuestas por emociones. Me gusta pensar que nuestro cuerpo repleto de complejos engranajes hasta el último recoveco, en realidad es sólo una jaula diáfana que aguarda millones de emociones deseosas de libertar y que nuestro cerebro, como puede, trata de ordenar y amansar.

Cuando la persona que representa a una empresa se acerca a nosotros no va a adquirir un producto que puede ver y tocar, no puede ponerlo al lado de otro y comparar antes de comprar. Lo que en realidad hace es depositar su confianza en nosotros para que a partir del intercambio de comunicación, análisis de la misma y la posterior toma de decisiones, marquemos unas premisas que hagan de corsé para aquello que no existe y vamos a crear, diseñar: un producto o servicio que en realidad no va dirigido a él, a pesar de ser el comprador, ya que va dirigido a su público objetivo. Esto último siempre debe de estar presente.

diseno-triangulo-inteligencia-emocional

Hablemos de lo que he definido como “triángulo de inteligencia emocional”. Cada uno de los vértices del triangulo representa la ubicación de cada una de las partes implicadas en cada proyecto:

1. La empresa/personas que demanda el proyecto
2. La empresa/personas que van a realizar el proyecto
3. Público objetivo/personas a las que debe seducir el proyecto.

El vértice uno quiere atraer y satisfacer al vértice tres, el vértice dos en consecuencia va a desear lo mismo para, de este modo, cumplir con las expectativas del vértice uno y el vértice tres recibirá los estímulos creados por el vértice dos en nombre del vértice uno.

Todo parte del primer vértice, de sus necesidades de comunicación con el tercero. Para acceder a él de forma eficaz contacta con alguien como nosotros (segundo vértice). En esta relación se generan lineas bidireccionales de intercambio de información, seducción y empatía. Donde en ocasiones ambas partes deben poseer la capacidad de ponerse en el lugar del otro para comprender algunos matices. Es vital sentar una buena base de comunicación y confianza para que las dos partes juntas puedan esbozar con la mayor precisión posible al público objetivo: el tercer vértice.

Una vez definido el vértice tres, llega el momento de ponernos en su lugar, en su forma de pensar, y descubrir a que estímulos/sensaciones es más sensible. De este modo podremos ir vislumbrando el camino a seguir… un universo de connotaciones y estímulos de satisfacción a tres bandas.

Por lo tanto el proyecto en si mismo es algo mucho más complejo que un “simple diseño en si mismo”: es una relación de emociones e intercambio de sensaciones entre las tres partes, algunas de ellas de forma bidireccional. Es un triángulo de inteligencia emocional.