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18.06.2012También es diseño

Mamá no quiero ser artista, soy diseñador

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Fragmento de la portada de Asesino de monos, diseño de Manolo Prieto.

¿Es lo mismo ser diseñador que artista?. Es correcto decir: “todos los diseñadores son artistas, aunque no todos los artistas son diseñadores”. Podemos y debemos entender que el público en general asocie nuestra profesión al mundo del arte, aunque hoy en día en la mayoría de los casos esto sea un inconveniente. Aparantemente es una asociación inevitable que viene dada a lo que el arte y las vanguardias aportaron al diseño y a su nacimiento como profesión, creyendo popularmente en nuestros días que emplear recursos “artísticos” es igual a hacer arte. Pero si eres o quieres ser diseñador, y piensas que ambas cosas son lo mismo, es porque sencillamente aún no sabes en que consiste realmente ejercer esta profesión.

El pasado fin de semana asistimos al centenario del nacimiento del diseñador Manolo Prieto, autor del Toro de Osborne, sin duda, una figura adelantada al contexto que vivía. Un auténtico vanguardista plástico entorno a mitad del siglo XX en nuestro país y que decir en el Puerto de Santa María, Cádiz, su ciudad natal. Centró buena parte de su vida profesional al cartelismo taurino, a ilustrar portadas de productos editoriales y al diseño de medallas. Aunque su obra más popular es la que realizó para las bodegas Osborne, su icono gráfico: el toro, un símbolo que ha traspasado las propias fronteras para las cuales fue concebido y se ha convertido en un icono nacional, reconocible internacionalmente. Cuenta la familia que en un primer momento las bodegas Osborne rechazó la propuesta del toro como imagen o elemento publicitario de la empresa, entonces el propio Manolo Prieto se reunió con los propietarios de las bodegas y cuales serían sus argumentos que decidieron “probar suerte” instalando una valla publicitaria enorme de madera en la carretera de Burgos con la forma del toro que Manolo Prieto diseñó. El impacto fue brutal.

Un gran número de artistas de la época, comenzaron a descubrir en el nacimiento de la profesión del diseño una forma de emplear sus dotes y habilidades artísticas para ganarse la vida. Manolo Prieto realizaba trabajos por encargo y fue director de arte de una agencia de publicidad. Su familia y conocidos destacan de él que: “era muy riguroso en sus horas de trabajo, metódico y ordenado. A pesar de ser un artista”, sencillamente la respuesta se encuentra en que pasó de artista a diseñador, de un creador de imágenes expresivas a un profesional de la comunicación gráfica. Sin que su entorno y buena parte de la sociedad continúe sin entender cual es la diferencia. Se categorizan sus trabajos realizados por encargo y con un fin comercial, como obras de arte. Pensando que así su trabajo es de mayor calidad, lo cierto es que no son obras de arte y por esto no pierden valor plástico y comunicativo. La realidad, es que Manolo Prieto comenzó siendo artista y posteriormente se convirtió en un excelente diseñador, siendo un inagotable vivero de trabajos exquisitos, dignos de análisis, admiración y reconocimiento.

No se puede considerar arte aquello que es creado bajo unas premisas comunicativas, formales, de viabilidad productiva y por encargo, es decir, no estamos realizando una pieza que busca expresar o emocionar, y que cuando la iniciamos no sabemos a donde nos llevará en el viaje de su creación. Lo que hacemos es sumergirnos en un proyecto repleto de parámetros, cotado estratégicamente y que debe de ser la solución a una serie de objetivos comerciales. Siendo estos objetivos comerciales la razón de ser del diseño.